En el Nuevo Testamento encontramos muchas referencias al arrebatamiento. La enseñanza más importante se da en el discurso del monte de los Olivos y la Revelación de Jesucristo o Apocalipsis, donde se provee el panorama completo de acontecimientos. También hay una referencia al arrebatamiento en el libro de Daniel, capítulo 12. Los apóstoles también nos dejaron enseñanza acerca de este acontecimiento, sobre todo Pablo y Pedro, cuyos escritos son los únicos que pueden utilizarse para comparar con la enseñanza de Jesús. Los demás pasajes del Nuevo Testamento que se refieren al tema desde otros aspectos. Hacen énfasis en la actitud que debemos tener en relación a la tan preciosa promesa de Jesús, de vida eterna con Él. Pablo dice que debemos esperarla "ansiosamente" (1° Co 1:7) vivir una vida justa, piadosa y con dominio propio (Tito 2:13). Santiago nos insta también a tener paciencia (Stg, 5:7-9) Juan nos recuerda permanecer en Él (1° Juan 2:28). También se nos enseña que Su venida "está cerca", que el Juez está a la puerta. (Stgo. 5:7-9, Fil 4:5)
Jesús, en su mensaje a las iglesias de Apocalipsis, enfatiza el estar atento a sus palabras cuando expresa: "vengo pronto". Inicia su Revelación diciendo que es dichoso aquél que hace caso de lo que aquí está escrito porque el tiempo de su cumplimiento esta cerca. La Venida de Jesús está tan cerca como cercano está el tempo del cumplimiento de las cosas descritas en Apocalipsis. Debido a que el tema central del libro de Apocalipsis es la Ira de Dios, y Jesús prometió librarnos de ella (1° Tes. 1:10), el tema que acompaña a la Ira es la salvación.
Dios no quiere que nadie perezca, por eso acortará la tribulación (Mateo 24:22). Enviará a sus dos testigos para que anuncien su juicio y pregonen arrepentimiento (Ap 11:3) a Israel y al mundo entero (Ap. 11:9-10). Dios no solo es celoso de los suyos sino también de todo mortal que pueda prestar oído a su mensaje. Dispuso que tres ángeles prevengan al mundo de someterse al anticristo (Ap. 13:6-11). Todavía hay tiempo de salvación para quienes nunca han escuchado de Jesus (Lc. 21:24). (En este caso se refiere a gentiles como naciones paganas, no gentiles como parte de la iglesia).
Tan certera es hoy y hasta el Fin la concreción del Día del Señor y sus juicios, que el Juez ya está a la puerta. Así como fue un hecho concreto el nacimiento de Jesús en Belén 700 años antes de que ocurriera (cuando Isaias recibió la palabra profética "un hijo nos ha nacido hoy" Isaías 9:6).
Lo próximo a venir del cielo de parte de Dios es su juicio. Jesús, desde el momento en que ascendió a los cielos hace casi dos mil años, fue exaltado hasta lo sumo y recibió el poder y la autoridad para ser el Juez en el día del Señor (Juan 5:22) Está listo para ejecutar la obra que Dios le ha delegado por ser digno de ella (Ap 5:9). No puede dejar de anunciarse ni separarse el juicio de Dios del mensaje del evangelio.¨El que persevere hasta el fin, será salvo." El ¨Fin¨ es el Día del Señor, y ¨será salvo¨ es nuestra completa redención física y espiritual. Ahora creemos en la promesa de redención, y por mantenernos firmes en la fe a esa promesa, por el Espíritu Santo que está en nosotros y nos lo confirma, seremos salvos en su Día. El creyente fiel será librado de la ira de Dios antes de que sea derramada, los justos serán rescatados, al igual que en los días de Noe y Lot (Mateo 24:36-39) (Lucas 17:29).
Pero aún los que creen en el mensaje, deben estar preparados, velando y orando para llegar a la meta. En Cristo Jesús tendremos las fuerzas para perseverar, "El nos confirmará hasta el fin, para ser hallados irrepensibles.¨ (1 Co. 1:8)
El Día de la venida del Señor está tan cerca también, como la muerte está cerca de nosotros. Lo único que nos separa de ese evento, es la muerte, salvo para los que vivan en los tiempos del Fin y permanezcan con vida hasta la Venida.
Entonces, en un mismo día se dará la señal en el sol, la luna y las estrellas anunciando el Día del Señor y seguidamente se verá la señal del Hijo del hombre. Dijo Jesús, "verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria. Y al sonido de la gran trompeta mandará a sus ángeles, y reunirán de los cuatro vientos a los elegidos, de un extremo al otro del cielo." (Mt. 24:30-31) ¿Cuándo tendrá lugar esa señal y la venida de Jesucristo? "... hermanos, en cuanto a la venida (parousía) de Jesucristo y a nuestra reunión con él,... no se alarmen por mensajes que digan que ya comenzó el día del Señor. No se dejen engañar de ninguna manera, porque primero tiene que llegar la rebelión contra Dios y manifestarse el hombre de maldad, ... Este se opone y se levanta contra todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, al punto de adueñarse del templo de Dios y pretender ser Dios (Tes. 2:1-4). La Venida (parousía) de nuestro Señor Jesucristo no puede ser inminente hasta que se hayan dado las condiciones para que ello ocurra. Y Jesús, además, enseñó acerca de otras señales previas, las cuales llama "comienzo de dolores" que indicarán que falta muy poco para el fin, pero no son parte del fin en si mismo, sino son para tener en cuenta pero no alarmarse (Mt. 24:4-8, Mr. 13:6-8, Lc. 21:8-10) ¿Qué sucede con Israel mientras tanto? Israel como nación permanecerá inconversa hasta que su tiempo se cumpla al final de la semana septuagésima (Dn. 9:24, Ap. 10:5-7). Entonces todo Israel será salvo (Je. 31:33, Ro. 11:26), aunque sólo un remanente que esté vivo en ese tiempo (Za. 13:8, Amós 4:11-12, 5:18-19, 8:1-3, 9-10). La nación entera de Israel, el remanente salvo, y la ciudad de Jerusalén, se prepararán entonces para ser la sede del reinado de Jesucristo en la tierra. Ellos conformarán el pueblo de carne y hueso que le servirá entre las naciones, "Restauraré a mi pueblo Israel; ellos reconstruirán las ciudades arruinadas y vivirán en ellas" (Amós 9:14). Serán restaurados y vivirán muchos días como antes del diluvio (Isaías 65:20).
¿Cual es el Destino de la Iglesia? Los arrebatados recibirán su recompensa y vivirán con Cristo en los lugares que el Padre ha preparado, y reinarán con Cristo como un solo cuerpo en la nueva Jerusalén, de oro transparente y piedras preciosas, iluminando a las naciones que caminen debajo de ella durante el reinado de Jesucristo (Ap. 21:23-24).