La Biblia no empieza con una pregunta nuestra “¿quién nos puso aquí?, o ¿para qué?”, sino con una afirmación de Dios: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra...”
La Palabra de Dios no ha sido dada para responder a nuestros cuestionamientos sino para darse a conocer a nosotros según Su divina voluntad.
Es en este sentido que una correcta hermenéutica debe apuntar a descubrir el significado del texto y no a adjudicarle un significado.
El texto profético tiene un propósito específico y no admite variedad de interpretaciones porque fue escrito para anunciar lo que sucederá y atestiguar su cumplimento cuando llega el momento preciso. Es tan específico como cada versículo y pasaje que describe la primera venida de Jesucristo, en más de 300 profecías por separado, llegando a cumplirse literalmente. Zacarías 9:9 dice: “¡Alégrate mucho, hija de Sión! ¡Grita de alegría, hija de Jerusalén! Mira, tu rey viene a ti, justo, salvador, humilde. Viene montado en un asno, en un pollino, cría de asna.”
De la misma manera precisa se cumplirá la Palabra profética dada para los tiempos del Fin. Su comienzo está marcado por un evento específico, su duración es exacta y la secuencia de eventos será un fiel reflejo de la Palabra.
El Señor a través de su palabra, ha considerado bueno revelarnos lo que sucederá. Jesucristo nos dejó enseñanzas, consejos y advertencias acerca de los tiempos del Fin. Ignorarlas o minimizarlas representará un alto costo para los creyentes que las desoigan (el que tiene oídos oiga lo que el Espíritu dice…).
El motivo por el cual durante tantos años florecieron interpretaciones tan dispares y contradictorias es sencillamente porque el texto profético no se tomó con la misma naturalidad y seriedad que el resto de las Escrituras.
Considere lo que Sir Robert Anderson escribió hacia el año 1882, acerca de las diferentes interpretaciones de la profecía de Daniel y Apocalipsis:
“Cada una de las escuelas reconocidas de interpretación tiene verdades que las escuelas rivales niegan. Una nueva era amanecería si los cristianos se volvieran de todas esas escuelas – Preterista, Historicista y Futurista- y aprendiesen a leer las profecías como leen las otras Escrituras: como constituyendo la palabra de Aquél que es, que era, y que ha de venir, nuestro Jehová-Dios, para quien el presente, el pasado y el futuro son tan sólo un “eterno ahora”.
(El Príncipe que ha de Venir, Pág 281, Nota al pie)
Considerando la exactitud del cumplimiento de las profecías pasadas, y esperando lo mismo de las futuras, el método hermenéutico que mejor se ajusta a la búsqueda de la verdadera intención del texto, es el método literal.
Este método logró conciliar las tres posturas conocidas (de la escuela futurista en este caso, pre-, mid-, y postribulacional). Mediante este método, dos personas pueden llegar por separado a una misma conclusión, sin necesidad de ponerse de acuerdo, y eso es lo que da peso a una interpretación.
Aplicando el método literal, se visualiza con claridad el común denominador que conecta todos los pasajes relacionados al mismo tema, pudiendo conectarlos sin contradicciones ni huecos.
En forma resumida, sus principios básicos son cinco: buscar la intención del A/autor (Dios por medio de hombres), considerar el contexto, entender las figuras retóricas y comparar Escritura con Escritura buscando hasta encontrar la armonía con los demás pasajes relacionados. Ningún texto escatológico queda descolgado del conjunto de profecías escatológicas y del resto de la Palabra. Además se considera el principio de aplicación en el tiempo (cercano/lejano) que es exclusivo para la profecía.
En nuestras conferencias, Usted puede aprender los lineamientos básicos del método literal para aplicarlos cuando estudie la Palabra.
Aprenderá también que los eventos de los tiempos del Fin, no pueden estar cumpliéndose hoy en día o por partes, como algunos se aventuran a afirmar, porque los eventos descritos se cumplirán dentro de los últimos siete años del mundo conocido, la semana septuagésima de Daniel. Y ésta no comenzará hasta que se dé el evento específico que le da inicio (la firma del pacto, Dn. 9:27).
Lo más importante es que tendrá una guía para entender el contexto en el que se dará la Segunda Venida de Jesucristo, la esperanza bienaventurada de todo creyente.
Dios quiere bendecirnos y confortarnos con Su palabra. Jesús dejó un mensaje profético a la Iglesia para prepararla y fortalecerla. Animémonos a descubrir las maravillas que dicho mensaje contiene.